Posteado por: Latbc | junio 27, 2011

Las “princesas” del internet.

La anorexia y la bulimia no son enfermedades, sino estilos de vida. Esta es la creencia principal que jóvenes con estos trastornos
comparten en Internet, en donde buscan que sus huesos demuestren su “verdadera” belleza y lograr ser “princesas”.

Desde que la argentina Cielo Latini fundó su blog “mecomoamí”, en donde hacía público su derecho a ser anoréxica, millones de mujeres y en ocasiones hombres, han seguido esta idea hasta ahora.

Al teclear “pro-ana” o “pro-mia”, en cualquier buscador de Internet, se despliegan millones de páginas en donde ser Ana (anoréxica) o Mia (bulímica) es buscar la perfección.
Las Anas y las Mias  de entre 12 y veintitantos años, publican tip´s para adelgazar, evitar “ensuciarse” con comida y lograr que sus padres no las descubran. Es común encontrar concursos en donde cada día se publica una parte de la dieta
que durará una o dos semanas.

Las “princesas” son quienes logran el peso añorado, 10 o más kilos por debajo de lo saludable. Las Anas son más respetadas que las Mias, pues al no comer demuestran fuerza; las Mias expían sus “pecados”alimentarios frente al inodoro, para “purificarse” de la  comida que no evitaron antes.

Las princesas pueden ser reconocidas fácilmente por distintos síntomas emocionales: no tener la habilidad para hacer frente a situaciones emocionales, disminución de las relaciones sociales (se produce un aislamiento), cambios drásticos de
humor, compulsión y vergüenza debido a sus malos hábitos alimenticios. Esta hipersensibilidad en el área emocional está acompañada por ese deseo de poder manejar sentimientos y reacciones que son afectadas por ese condicionamiento
social de verse bien.

Hoy en día las redes sociales han tenido un gran impacto en la sociedad ya que se han convertido en un espacio con libertad de expresión y de ideas,  pero no debemos olvidar que aunque es un sitio libre,  no tenemos el derecho de abusar
de él y alentar a los demás a hacer actos que perjudiquen nuestra salud y la de los demás.

Estamos acostumbrados a admirar a la gente por su belleza exterior; el vestido que llevan, su dinero, sus coches y no nos preocupamos realmente por lo auténtico; la belleza interior,  esta se alcanza sólo cuando una persona es feliz, se encuentra bien consigo misma, con su cuerpo, con su trabajo, con la familia, los amigos y todo lo que le rodea.

Se habla mucho sobre el respeto a los demás pero ¿cómo podemos ejercerlo si no empezamos por
respetarnos nosotros mismos?

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